Monumento

‘La Marina de València’, ¡un espacio para disfrutar!
6 julio, 2017 / ,

Marina

Oferta cultural, actividades náuticas, gastronomía, arquitectura, historia, innovación, son algunos de los atractivos que encontrará el turista en ‘La Marina de València’

“La Marina de València” no se entiende sin la historia de la ciudad ni la contribución de sus gentes. De los marineros y pescadores de los poblados marítimos que la han acompañado desde la existencia de un pequeño embarcadero levantado hace casi un milenio. De los agricultores y hombres de negocios promotores de un Valencia exportadora, cuya época de esplendor se plasmaría en los edificios modernistas que hoy la encierran. De quienes apostaron por la industria náutica valenciana hasta llenar de amarres esta parte del puerto. De los hosteleros que brindan los mejores productos de nuestra tierra y de nuestro Mediterráneo en un entorno único. En definitiva, de todos los valencianos que, de modo hospitalario, le dan la bienvenida al viajero.

Ubicada a tan solo unos 20 minutos en autobús, metro o bicicleta del centro de la ciudad, y a 15 minutos en coche, en “La Marina de València” el turista descubrirá un mar de opciones: conciertos, exposiciones, áreas para que jueguen los niños, oferta de restauración, un club de playa, actividades náuticas. En ella podrá pasear, correr o ir en bicicleta contemplando los edificios antiguos y también los modernos, como el emblemático Veles e Vents. Pisará las huellas del circuito de Fórmula I y admirará las embarcaciones de un pantalán para megayates, cuyo impulso se debió a la celebración de la 32ª America’s Cup a finales de la pasada década.

“La Marina de València” es, por tanto, un lugar donde el viajero podrá disfrutar de un espacio público cada vez más abierto a los valencianos, al Mediterráneo y al mundo. El horizonte levantino de la ciudad, que se funde con sus playas, bajo la máxima del respeto al Medio Ambiente.

Epicentro de la náutica

El visitante encontrará en “La Marina de València” cerca de 40 empresas de servicios y actividades náuticas, que abarcan mecánica, pintura, reparaciones, alquiler y venta de embarcaciones y de motos de agua y otro largo etcétera de servicios complementarios. En torno a esta industria se está gestando la apuesta por la formación profesional especializada en este área.

Ecosistema empresarial

¿Se imagina poder poner en marcha su empresa en un lugar idílico? En “La Marina de València” es posible. Con más de un millón de metros cuadrados, la marina más grande de Europa también cuenta con un espacio donde se valora la creatividad y la innovación, se apuesta por la formación, se apoya a las startups y se impulsa el desarrollo de empresas sostenibles.

Bajo el nombre de “Marina de Empresas” se enmarcan tres instituciones: Edem, la escuela de formación de empresarios, directivos y la universidad de emprendedores e ingenieros; la aceleradora de Empresas, Lanzadera; y la sociedad de inversión Angels ,que basa sus decisiones en el Modelo de Calidad Total.

Innsomnia es otra apuesta por la innovación con sede en esta marina. Se trata de la primera incubadora especializada en Fintech de España.

San Nicolás, la Capilla Sixtina valenciana
6 julio, 2017 / ,

Arte

Cuando el restaurador de la Capilla Sixtina, Gianluigi Colalucci, contempló en 2014 la iglesia de San Nicolás no pudo más que exclamar: “¡Viva la Capilla Sixtina valenciana!”

San Nicolás es una iglesia gótica del siglo XIII situada en el centro histórico donde se fundó Valencia, ciudad constituida por los romanos en el año 138 de nuestra era.

Establecida como parroquia en el lugar donde anteriormente existía una mezquita, la iglesia de San Nicolás destaca por ser uno de los 12 primeros templos católicos, posteriores a la conquista del rey Jaime I.

Fue durante el siglo XV cuando Alfonso de Borja, el rector de San Nicolás y futuro papa Calixto III, fomentaría la ampliación del ábside y los pies de la parroquia hasta darle la estructura y el tamaño que mantiene en nuestros días. Sin embargo, la maravilla artística -que deja sin habla a feligreses y turistas que la visitan- tendría lugar unos siglos después.

A finales del siglo XVII se impone el barroco en la cultura occidental y toda parroquia que se precie debe seguir ese estilo. Las pinturas de San Nicolás se encargan al artista de moda de la época, al cordobés Antonio Palomino, quien se compromete a realizar el diseño de todo lo que se iba a pintar, así como a otorgarle significado teológico. Por exceso de trabajo de Palomino, la materialización de tamaña obra de Arte sería realizada por su discípulo, el valenciano Dionís Vidal. Ambos se encuentran autorretratados a la derecha del rosetón, cuya luz se filtra reflejando un mágico dibujo policromado en el interior de la iglesia. Palomino viste de negro, mientras que Vidal, en segundo plano, parece mostrarse con la actitud de quien busca la aprobación de su maestro.

El resultado: casi 2.000 metros cuadrados de impresionante pintura al fresco, entre las paredes y toda la bóveda. Las pinturas de la bóveda central están divididas en seis lunetos a cada lado, Norte y Sur, en los que se hallan representadas las vidas de San Pedro Mártir y de San Nicolás, respectivamente. Todo en ellas está cargado de simbolismo y elegancia.

De su arquitectura resaltamos el Altar Mayor, también de estilo barroco aunque más recargado, que fue diseñado por Juan Bautista Pérez Castiel, uno de los arquitectos de la Catedral de Valencia. En el Altar Mayor ambos santos católicos se igualan en la Gloria, al tocar fin su vida terrenal.

Devolver el color a lo oscurecido

Las pinturas originales de la iglesia de San Nicolás se hallaban escondidas por el paso de los años y, concretamente, ahumadas por siglos de velas encendidas en honor a los diversos santos e imágenes de la Virgen que alberga la parroquia. Tras varios intentos anteriores de recuperación, a principios de esta década la institución valenciana, Fundación Hortensia Herrero, hizo suyo el compromiso de devolver la luminosidad y el colorido originales a este templo centenario.

Las obras de restauración se implementaron, entre 2013 y 2016, en coordinación con el Arzobispado de Valencia y con los especialistas de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), quienes utilizando innovadoras y complejas técnicas recuperaron la grandeza artística de la iglesia de San Nicolás. En ella se incluye también la rehabilitación arquitectónica, dirigida por Carlos Campos.

Acabada esta primera intervención, la UPV continúa al cargo de la conservación preventiva, mediante el uso de sofisticados sistemas que miden incluso la humedad del ambiente. Los andamios y puertas cerradas, que el viajero podrá encontrar estos días en las fachadas y en el interior del edificio, corresponden ya a una nueva etapa de restauración de esta iglesia, que todavía guarda muchos tesoros por desvelar.

El origen de Santa Claus

Quizá porque San Nicolás es considerado uno de los santos católicos protectores de la infancia, la vida de San Pedro Mártir, y el culto al mismo, queda relegada por la devoción que los valencianos le profesan a San Nicolás.

Pero no son solo los valencianos quienes le rinden homenaje a San Nicolás. En este mundo cada vez más global, gracias al cual Valencia recibe la visita de numerosos extranjeros, son a veces estos mismos invitados quienes mejor conocen la vida de San Nicolás, que Palomino y Vidal dejaron plasmada en sus diseños y pinturas.

San Nicolás es el personaje que cada año reparte juguetes y felicidad a muchos niños del mundo, llegando a competir en la actualidad con el protagonismo que cobran los Reyes Magos durante las Navidades españolas. A Santa Claus, tal y como se le llama e imagina en una parte del norte de Europa, se le puede reconocer en el segundo de los lunetos dedicados a este santo.

Otras imágenes como la de San Nicolás resucitando a tres niños hervidos por un hostelero, el elevado número de ángeles dispersos por distintos lugares de la iglesia o los pequeños situados a los pies de los santos, en el Altar Mayor, dan fe de la importancia que se le concedió en esta iglesia a las generaciones venideras.

La Lonja de Valencia
1 mayo, 2017 / ,

Arte, Historia y Comercio

Desde el siglo XV, el impactante monumento de La Lonja acoge un comercio basado en la buena fe de sus mercaderes

La Lonja es uno de los edificios emblemáticos de Valencia. Sus imponentes muros de piedra entrañan la historia de un comercio basado en la buena fe de sus mercaderes, que incluso muchos valencianos desconocen y del que enseguida hablaremos. Antes, unas breves pinceladas sobre este conjunto arquitectónico referente del arte gótico europeo.

Declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931 y Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1996, La Lonja de Valencia, también conocida por la Lonja de los Mercaderes o la Lonja de la Seda, consta de tres cuerpos. Desde la plaza del Mercado, de derecha a izquierda, se observan lo que sería propiamente la Lonja (del italiano “loggia”) y la Torre central, levantadas ambas en el siglo XV. El tercer elemento se conoce como el Pabellón del Consulado.

De sus fachadas, prácticamente planas, destaca el magnífico trabajo de los canteros, cargado de simbolismos medievales como son las gárgolas antropomorfas o zoomorfas o los 40 medallones del friso de las fachadas que dan al jardín, a la calle Cordellats y a la plaza del Mercado, donde reyes como el entonces reinante Carlos I o sus antepasados los Reyes Católicos quedaron esculpidos junto con dioses de la mitología griega.

De su interior, impresiona el Salón de Contratación o Columnario. Espacioso y alto salón rectangular dividido en tres naves longitudinales, con ocho columnas helicoidales que soportan una bóveda de 17,40 metros de altura y otras 16 columnas adosadas a las paredes. En este Salón se estableció el primer Centro de Contratación Mercantil de Valencia, el equivalente a las “Bourse de Commerce” de París o al “New York Produce Exchange”.

Consulado de La Lonja

En el siglo XIII, con tan solo un embarcadero de madera, Valencia ya era un centro de activo tráfico marítimo ligado al comercio. Prueba de ello es que, en 1283, el rey Pedro III “El Grande” concedió a la ciudad el privilegio real que estableció el Consulado de Mar, tribunal de comercio basado en los de las repúblicas italianas de la época, que hasta el siglo XVIII compiló y ejecutó las costumbres mercantiles y nautas.

Heredero de esta institución es el actual Consulado de la Lonja, cuyo objetivo prioritario es coordinar los intereses de los distintos sectores agrarios, de enorme relevancia para la economía valenciana, al mismo tiempo que mantiene las relaciones entre comerciantes, industriales y agentes comerciales.

Entre sus servicios destaca la publicación del precio de los cerca de 150 productos cotizados en la Lonja de Valencia, entre los que se encuentran el ganado porcino, huevos, arroces, cereales, leguminosas, harinas, salvados, garrofas, legumbres, frutos secos, patatas, cebollas y los cítricos, cuyo boletín consta de 24 variedades.

Como centro de contratación, gracias a la garantía que ofrecen sus contratos, cabe señalar también la importancia de otros productos como los vinos o el café verde y, como excepción del sector agrario, la filatelia y la numismática de las que el turista podrá disfrutar los domingos y festivos. Pero, sin duda, lo más característico del Consulado de La Lonja es el Arbitraje de Equidad con el que se resuelven las posibles desavenencias habidas en las contrataciones, basándose en el comercio de buena fe.

Desde hace unas décadas, las mesas sobre las que se negociaba en el Salón de Contrataciones se cambiaron por las nuevas tecnologías, pero en el Pabellón del Consulado se siguen celebrando las reuniones de los gremios, asambleas y otros actos. No le extrañe, por tanto, ver a estos hombres de negocios durante su visita a La Lonja.

El Mercado Colón
2 abril, 2017 / ,

El Mercado Colón, admirado por su arquitectura desde 1916, encierra un mercado gastronómico para deleite de valencianos y visitantes.

El Mercado Colón es una joya arquitectónica que despierta el asombro de quien la descubre por primera vez, mientras alimenta el orgullo los valencianos.

Diseñado por Francisco Mora Berenguer y construido hace un siglo en el primer ensanche de la ciudad de Valencia, área residencial de la burguesía de la época, el Mercado Colón se considera uno de los principales símbolos de la arquitectura modernista valenciana.

El edificio destaca por la combinación de una imponente estructura metálica sustentada por pilares de fundición, la inexistencia de muros laterales y sus dos monumentales fachadas de piedra engastada en ladrillo.

El contraste entre lo funcional y su rica ornamentación es uno de sus mayores atractivos.

La planta de este mercado es rectangular, de tres naves: una central que alcanza los 18,60 metros de altura y dos laterales, con voladizos a cada lado.

De las fachadas cabe resaltar la magnitud de sus entradas en forma de arco, así como la parte acristalada del acceso orientado al Norte, que acaba en una original marquesina.

El cromatismo y la belleza de los mosaicos de cerámica se deben a su artífice, Ricardo Tárrega, y se pueden apreciar tanto en el interior como en el exterior del edificio.

Fíjense, por ejemplo, en la representación de las naranjas y los racimos de uvas, dos de los frutos típicos de la región.

¡Una auténtica maravilla!

Reconvertido en un mercado gastronómico

El Mercado Colón, tal y como lo conocemos en la actualidad, no se entiende sin la rehabilitación de este edificio entre 1997 y 2003.

A finales del siglo pasado, la evolución de la sociedad, la aparición de nuevos modelos de distribución y la falta de mantenimiento resultaron en que el Mercado Colón fuese cayendo en el abandono.

El proyecto de rehabilitación, encargado al arquitecto Luis López Silgo, posibilitó su recuperación y la conversión del antiguo mercado en un mercado gastronómico, en el que desayunar, comer, cenar o descansar a tomarse una cerveza, un café e incluso una riquísima horchata, la bebida valenciana por excelencia.

Las huellas del pasado, no obstante, permanecen en negocios relacionados con la compra-venta de mercaderías como la floristería, carnicería, charcutería, pescadería y, más concretamente, la frutería, cuyos propietarios son miembros de una familia que suma cuatro generaciones en el edificio.

En conjunto, el Mercado Colón es un concurrido espacio dedicado al ocio, donde valencianos y viajeros se mezclan en acristalados locales y terrazas regadas por la luz natural. Un lugar ideal donde los paladares gourmet también pueden disfrutar de una atmósfera relajada, moderna y modernista.

Localización: C/ Jorge Juan, 19. 46004 Valencia.
Horarios: de lunes a jueves de 7:30am a 2:00am y viernes y sábados de 7:30am a 3:00am.
Metro: Parada de Colón. Líneas: 3 y 5.
Líneas de autobuses: 1, 3, 5, 8, 10, 13, 18, 22, 30, 32, 40, 79 y N1.
Parking: Abierto 24 horas.