Sabía qué...?

Ruzafa, histórico y moderno a la vez
5 julio, 2017 /

Barrios

El barrio de Ruzafa, reconvertido en una zona “cool” de Valencia, se encuentra delimitado por los antiguos y desaparecidos jardines que le proporcionaron su nombre y el futuro pulmón verde de la ciudad

Según narran los cronistas, el barrio de Ruzafa (“Russafa”) debe su nombre a la finca de recreo que el pacífico príncipe Abd Al.làh al- Balansí (“el valenciano”) mandó construir al sur de la amurallada Valencia. De este modo, al-Balansí buscaba replicar la residencia que
su padre (el emir Abderramán I) había fundado en Córdoba, en memoria del también vergel levantado en Siria por su antecesor.

Más de un milenio tendría que pasar hasta que, en 1877, el entonces populoso y activo arrabal se integrara oficialmente en la capital valenciana. Desde entonces, muchos años e historias se han sucedido en sus calles, pero fue solo hace algo más de una década cuando los asequibles precios de sus viviendas repuntaron. Varias generaciones de jóvenes comenzaron a asentarse en el barrio sucediendo a una población envejecida y dando cabo de los famosos “todo a cien” y de la mala fama que había adquirido la zona.

Este empuje convertiría Ruzafa en lo que es ahora: un moderno barrio de Valencia, que resulta muy atractivo tanto por sus restauradas fachadas como su poderosa actividad.

Ambientado de día

RUZAFA_Diego Opazo_HeyvalenciaPara conocer bien Ruzafa, le proponemos adentrarse por la mañana en su colorido mercado. Cerca de 5.000 metros cuadrados y 160 puestos alimentan y entretienen a los vecinos de Ruzafa. Sus productos de alta calidad son requeridos por los nuevos habitantes del barrio y por las familias del entorno que hacen la compra en este lugar. Cada lunes, además, los puestos de venta ambulante que recorren Valencia le otorgan aun mayor viveza.

En el mercado se puede tomar el café o picar algo entre horas, pero el aperitivo veraniego le será más grato en cualquiera de las terrazas que pueblan el epicentro del barrio: la plaza de la recomendable iglesia de San Valero y sus calles colindantes. Incluso puede parar por allí para comer antes o después de pasear por Ruzafa.

Vale la pena andar por las calles más y menos frecuentadas para encontrar tiendas con solera y de reciente creación que, quizá hasta ahora, no esperase visitar en Valencia. Decoración, moda, diseño, galerías de arte, librerías de segunda mano o un local que vende miel de producción propia son tan solo algunos de los ejemplos de la amplia oferta comercial con la que se topará en su camino.

Vivo de noche

Los largos días del verano en Valencia se complementan a la perfección con la vida nocturna de Ruzafa. Las terrazas y la oferta cultural de los cafés del barrio, al que mucho le debe Ubik Café, resultan ideales para un merecido descanso vespertino. Sin embargo, para reponer fuerzas será su gastronomía, variada donde las haya, la que le aportará las calorías necesarias para cerrar la noche bailando en alguno de sus bares y discotecas o escuchando música en vivo en el Café Mercedes Jazz.

Un pulmón verde, en proyecto

El parque de la plaza de Manuel Granero es el único espacio verde del actual barrio de Ruzafa. Sin embargo, cada vez se siente más próximo el proyectado Parque Central que cubrirá las vías de las estaciones del Norte y Sorolla. El llamado a ser el nuevo pulmón de Valencia, reverdecerá Ruzafa devolviéndole el frescor natural de antaño.

Si tras su estancia se alegra de haber conocido este barrio, ¡imagíneselo en el futuro!

La ‘clóchina’, el mejillón de los puertos de Valencia y Sagunto
11 junio, 2017 / ,

Gastronomía

¿Sabía qué “clóchina” es el término con el que se denomina al mejillón mediterráneo (Mytilus galloprovincialis), que se cultiva en los puertos de Valencia y Sagunto?

Si antes de venir a Valencia ya tenía algún amigo valenciano, lo más probable es que ya haya oído hablar de las “clóchinas”. Y, no sólo eso, seguramente, su amigo (o amiga) también le habrá hablado del tamaño de las mismas, de su color, de cuán diferentes son de cualquier mejillón que haya probado nunca; en fin, de matices con más o menos rigor científico, pero siempre contados con mucho entusiasmo porque, para los valencianos, ¡las “clóchinas” son un manjar! Su sabor, su textura… ¡Todo!

Pero, ¿cuál es el verdadero origen de las “clóchinas”? ¿Qué es lo que las vuelve tan especiales?

A principios del 1900, en el puerto de Valencia ya existía una batea dedicada al cultivo de “clóchinas”. Se hallaba frente a las atarazanas, en sintonía con el resto de actividades portuarias. Tanto es así que, conforme el puerto se fue desarrollando, las bateas también fueron creciendo hasta registrar un número óptimo. En la actualidad, coexisten 22 de estas plataformas flotantes en la Comunidad Valenciana. Se trata de concesiones y todas ellas se encuentran en los puertos de Valencia y Sagunto.

Las bateas no pueden estar en alta mar, necesitan abrigo y el suficiente espacio para garantizar una buena cosecha. Cosecha sí, ha leído bien, ya que una de las particularidades de la “clóchina” es que, pese a ser un molusco marino, los términos utilizados por los “clochineros” provienen de la agricultura y no de la pesca.

Como el agua del Mediterráneo sufre muchas fluctuaciones de temperatura durante el año, es en la época en la que comienza el frío, por los meses de septiembre-octubre, cuando las semillas (“clóchinas” chiquitinas seleccionadas del desove) se sujetan a unas cuerdas y se sumergen en el mar hasta su recolección; que durará desde abril hasta septiembre.

Todo lo que escapa a las imposiciones de la naturaleza está medido: entre cuerda y cuerda debe haber un mínimo de 70 centímetros para que las semillas puedan obtener el nutriente necesario para su desarrollo; las cubiertas de las bateas miden unos 25 metros de eslora; el tamaño ideal de las “clóchinas”, que por las condiciones en las que se crían no crecen mucho más, lo determina el tamiz; el tiempo que pasan en la depuradora hasta ser envasadas en sacos (mallas) es de entre 12 y 24 horas. Y con este suma y sigue, al que se añade también la experiencia de quienes las cultivan, en cada batea se cosechan unas 30 toneladas de media por temporada.

Características y nombre

Sobre el sabor de la “clóchina” se considera determinante la salinidad del agua, de más de un 30 y pico por ciento en esta zona del Mediterráneo, frente a las aguas más dulces del Delta del Ebro; por poner un ejemplo geográficamente cercano, aunque de características distintas al tratarse además de un estuario.

Sobre el color y el tamaño, podemos comparar las “clóchinas” con los mejillones gallegos; por ofrecer un ejemplo de agua atlántica y constantemente fría. Mientras los mejillones gallegos son más grandes y rojizos, la “clóchina” es más pequeña y de un pálido color anaranjado.

Pero, ¿y el nombre? ¿Por qué se llama “clóchina” a esta variedad de mejillón mediterráneo?
Según cuenta la tradición, el origen etimológico de la “clóchina” es onomatopéyico. Vendría del ruido que emiten al limpiarlas: “Clo, clo, clo…”. Cuando se pida unas “clóchinas” en un restaurante, haga chocar dos y verá cómo suenan… Porque, ¿no se le ocurrirá irse de Valencia sin probarlas, verdad? Además de por lo ricas que están, le recomendamos comerse por lo menos una ración de “clóchinas”, para que sea su propio paladar el que le otorgue la mejor definición de la textura. ¡Qué no se lo cuente ningún valenciano más! ¡Sorpréndales!

Fuente: Juan Aragonés Just, presidente de la Agrupación de Clochineros de los Puertos de Valencia y Sagunto.

Artículo relacionado: ‘Clóchinas’ valencianas al vapor

Descripción del Santo Cáliz
1 junio, 2017 / ,

Afinales de los años 50 del siglo XX, el Arzobispo de la Catedral de Valencia manda realizar un trabajo de investigación sobre el Santo Cáliz al catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Antonio Beltrán. Sus conclusiones principales están recogidas en una publicación que puede adquirirse en el Museo de la Catedral.

En la misma, se detalla que el cáliz está compuesto por tres partes:

  1. Un vaso de piedra semipreciosa ágata en la parte superior, datado entre los siglos IV a.C. y I d.C.
  2. Una parte central labrada en oro, realizada en época medieval.
  3. Y un pie, en la parte inferior, realizado hacia el siglo X por un taller oriental, engastado también en oro y piedras preciosas.

El vaso que, según la tradición, fue bendecido por Jesús, corresponde únicamente a la parte superior; una finísima copa de piedra ágata de unos 3mm de espesor. El resto son partes añadidas con posterioridad.

Texto de: Ana Mafé, doctoranda sobre el Santo Cáliz.

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La ruta del Santo Grial en Castellón y Valencia

La barraca valenciana
4 mayo, 2017 /

¿Sabía que la vivienda vernácula del espacio rural valenciano se llama barraca y que está realizada con materiales naturales?

La huerta valenciana ha sido, desde tiempos remotos, el entorno que ha caracterizado el paisaje circundante de la ciudad de Valencia. Como respuesta pragmática a sus necesidades esenciales, los trabajadores del campo aprovechaban el barro, la paja y las cañas, que les proporcionaba la naturaleza, para construir sus hogares.

Estas viviendas, llamadas barracas, consisten en una construcción rectangular sencilla, con una puerta a un lado y una ventana pequeña al otro. La planta baja está cerrada con muros de una altura de unos 2,5 metros, compuestos de adobe (mezcla de barro arcilloso y paja). Sobre ellos se acopia una cubierta, que une a dos aguas, fijada con maderas y tapada por tierra y cañizo.

El interior está dividido en dos partes casi iguales. Al entrar, se encuentra un amplio corredor que sirve de vestíbulo, salón, comedor y cocina, donde era común tener un tinajero (dos tinajas para almacenar agua). En la otra parte hay tres dormitorios. Todas las estancias están separadas por tabiques y su acceso se produce a través de una cortina en lugar de una puerta. La parte superior o andana, a la que se asciende por la escalera situada en el último dormitorio, era destinada a almacenar las cosechas y criar gusanos de seda.

Las barracas, normalmente emplazadas de forma dispersa en la huerta, se abastecían de agua por medio de pozos. La razón de no hallarse agrupadas se debía al alto riesgo de incendios al que están expuestas. Otra curiosidad es el color blanco que les otorga el uso de la cal. Sustancia que también se usa para ahuyentar a los insectos.

Debido a su rápida, fácil y económica construcción, esta tipología apareció espontáneamente en un gran número de países como España, Italia, Grecia, Francia o Suiza, siempre en las proximidades de los ríos y zonas costeras húmedas. De ahí que también resulte habitual encontrarlas en el Parque Natural de La Albufera de Valencia o dieran nombre al barrio marítimo del Cabañal, donde las barracas cobijaban a los pescadores hasta el siglo XX.

Fuente: ARAE Patrimonio y Restauración.
Facebook: @ARAEpatrimonio

¡Vamos a comer la mona!
30 marzo, 2017 / ,

Elaboración de repostería

La mona de pascua es el dulce más divertido de esta época del año

Algunas fuentes históricas aseguran que el nombre proviene del término árabe munna, que significa provisión de boca, y que su consumo podría llegarnos desde los tiempos en los que las zonas mediterráneas estaban dominadas por la cultura árabe. Sea correcto este origen o no, lo cierto es que su consumo, hoy por hoy, se relaciona directamente con la Semana Santa, más concretamente, con el fin de la Cuaresma.

En la Comunidad Valenciana la tradición venía marcada por el último día de la fiesta católica, que obligaba al ayuno y abstinencia. Al finalizar la Cuaresma, era típico que el padrino de bautismo regalara al niño la mona de pascua, hecha a base de harina, leche, azúcar, levadura, mantequilla y huevos.

Según la tradición, la masa dulce se horneaba y era coronada con tantos huevos como años tuviera el niño y el pequeño era obsequiado tan solo hasta la edad de 12 años, época en la que ya debía tomar la primera comunión. Con el tiempo esta costumbre se popularizó y ahora es típico su consumo en familia.

Las monas pueden tener desde la clásica forma redondeada, hasta formas de animales. Se adornan con pasas y frutos secos, anisetes de colores o claras dulces de huevo y suelen estar coronadas por un huevo cocido o de chocolate.

Entre los más pequeños, y no tan pequeños, se estila una práctica muy divertida cuando el huevo de la mona es huevo cocido. Se trata de perseguir a los amigos para romper la cáscara del huevo en su frente para comerlo después.

Texto de: Carol Vegas @carolinavegaslife

Primer papel, primeros libros
30 marzo, 2017 /

Día Internacional del Libro

De la cuna de la industria papelera de Europa a la impresión de la segunda edición de El Quijote

¿Sabías que la palabra inglesa paper está directamente relacionada con la palabra valenciana paper?

Si el papel se inventó en China hace unos 2.000 años, el primer molino dedicado a la fabricación de papel, origen de la industria papelera en Europa, se estableció en la localidad valenciana de Játiva en torno al 1050. Cuarenta años antes que el primer molino de estas características se instalara en Francia y más de un siglo antes que el de Fabriano, en Italia.

Algunos expertos incluso han llegado a señalar que lo que habría dado más fama internacional a la artesanía valenciana de época musulmana sería el papel, fabricado en general por judíos.

Como consecuencia de ello, durante el siglo XII sedesarrollaría en Valencia la industria del libro, en la que los encuadernadores valencianos también adquirirían un protagonismo especial.

Fundamental también fue la adaptación del sector a los avances tecnológicos. La imprenta, inventada por Gütenberg hacia 1440, llegaba a Valencia tres décadas después. Época en la que Valencia registraba un momento de esplendor demográfico, económico y cultural. Tanto es así que la primera obra literaria impresa en España saldría de un taller de la ciudad en torno a 1474.

Se trata de Obres e trobes en lahors de la Verge Maria, un libro de poesías marianas escritas mayoritariamente en valenciano, pero también en castellano e italiano, cuyo único ejemplar se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Valencia.

Hito que se suma a la impresión de la segunda edición de la primera parte del libro más destacado de la lengua castellana: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Tras el éxito obtenido con la primera edición, realizada en Madrid unos meses antes, la imprenta de Pedro Patricio Mey sería la encargada de llevar a cabo tamaño encargo en 1605.

Una lápida situada en el lugar donde se encontraba el negocio familiar de los Mey, en la conocida calle de San Vicente Mártir, conmemora este acontecimiento histórico de la Literatura universal, que cada abril celebra el Día Internacional del Libro, precisamente en memoria de la fecha en la que habrían fallecido tanto Cervantes como el escritor inglés William Shakespeare y el peruano Inca Garcilaso de la Vega: el 23 de abril de 1616.