Personaje

Alejandro del Toro: “2017 está siendo un espectáculo gastronómico”
26 diciembre, 2017 / ,

“2017 ESTÁ SIENDO UN ESPECTÁCULO GASTRONÓMICO”
Las ínfulas de gran chef se las deja a otros, porque a Alejandro del Toro no le hace falta ir de divo por la vida. Se agradece su humildad y generosidad, a pesar de ser todo un referente de la alta gastronomía en Valencia. 2017, asegura, está siendo para Valencia un espectáculo, por el nivel de los cocineros y gracias al posicionamiento turístico de la ciudad.

Cuando cocino arroz fuera de Valencia, pongo 1 litro de agua a hervir y observo su punto de ebullición”. Así se las gasta Alejandro del Toro. Precisión repostera para asegurar el punto del arroz. Los tiempos son vitales. Pero no se equivoquen. El arroz no sabe igual en ninguna parte. Influyen el clima, el agua, la variedad del arroz y sobre todo la presión atmosférica. Por eso, por la altitud, en cada lugar del planeta requiere de unos tiempos. ¿No les ha pasado ir a Estambul, hincharse a té turco y una vez en España o en su país probar el que ha traído y ya no sabía igual? Con los arroces sucede más o menos lo mismo. Más vale que se harten en Valencia, porque en otros sitios no van a encontrar el sabor de aquí. Eso sí, siempre que seleccionen con acierto el restaurante donde lo van a tomar.

Un consejo para turistas o principiantes
¿Cómo detectar un mal arroz? Alejandro del Toro lo tiene claro: “El paladar no engaña. Si notas grasa, poco sabor, el arroz está duro y no hay ingredientes de calidad. Es imposible comer un buen arroz a 6 euros la ración”. El antídoto, según el chef: productos naturales, autóctonos y de calidad. En estos pilares y en el sabor se basa su cocina; una cocina que pretende ensalzar platos tradicionales de nuestra tierra, pero adaptados a la gastronomía actual. No en vano, se formó con chefs de la talla de Martín Berasategui o Manolo de la Osa.

2017, un gran año
El 2017 que finaliza ha supuesto un gran año para Alejandro del Toro, que hace extensivo a la gastronomía de Valencia: “El cliente vuelve a demandar buen producto, elaboración, servicio y calidad. 2017 está siendo un espectáculo en cuanto a cocineros y posicionamiento turístico y gastronómico”. Sabe de lo que habla. Pocos cocineros pueden vanagloriarse de mantener abierto un restaurante tras 16 años. Salió de la crisis sin la Estrella Michelín que poseyó durante 6 años, pero Alejandro del Toro ha sabido adaptarse a los tiempos y reconstruir su proyecto con imaginación, pasión y honestidad.

Restaurante Alejandro del Toro
Dirección: C/ Amadeo de Saboya, 15.

Pablo Ossorio: “Sueño con hacer de nuestro cava el objeto de deseo de cualquier consumidor”
21 diciembre, 2017 / ,

Cava valenciano con esencia de champán. O lo que es lo mismo, la traslación del proceso de elaboración del champán al cava valenciano. Ese ha sido el viaje inspirador del enólogo Pablo Ossorio. Después de mucho esfuerzo, su objetivo tomó forma hace 12 años en las Bodegas Hispano Suizas de El Pontón, en Requena. No se confundan. Su cava Tantum Ergo tiene una personalidad inequívoca, distinta a cualquier champán, la que le confiere el propio terruño y el clima donde se crían las variedades de Pinot Noir y Chardonnay, con las que elaboran sus cavas. El 30 % de las 61 hectáreas de viñedo que poseen se destina al cava, lo que se traduce anualmente en unas 36.000 botellas de espumosos blancos y también rosados; por algo a Ossorio se le conoce como el rey del Rosé.

HeyValencia: ¿Cómo se elabora el cava de Bodegas Hispano Suizas?

Pablo Ossorio: Tenemos una viticultura respetuosa con el medio ambiente, evitando pesticidas e insecticidas. Una vez recolectada, la uva se congela a menos 10 grados. Se descongela bruscamente para romper la estructura de la pared celular y se fermenta el mosto en barricas de 400 litros de roble americano nuevas. La madera le aporta el tanino, lo que permite que el cava soporte mejor el paso del tiempo. Se fermenta en barrica con control de temperatura, lo que le proporciona aroma y antioxidantes. Se traslada en el mes de enero a la botella para someterlo a una segunda fermentación. La estancia en botella para considerar un cava reserva es de 15 meses, como el champagne. Nosotros trabajamos un mínimo de 22 meses en el rosado, 30 con el blanco y 44 con el Vintage.

HeyValencia: Después de todo ese tiempo en botella, ¿qué caracteriza a vuestro cava?

Pablo Ossorio: El tiempo juega a favor de que la burbuja sea mucho más cremosa. Cuanto más tiempo, más diluido está el gas carbónico y más complejidad adquiere el cava. Los meses en botella producen cavas más sedosos, armoniosos y con todo tipo de perfiles aromáticos.

HeyValencia: ¿Qué respuesta han tenido sus cavas Tantum Ergo para la crítica y en el mercado?

Pablo Ossorio: La crítica ha puesto nuestra bodega por las nubes. Este año hemos recibido 5 premios, incluido el de mejor proyecto vitivinícola de España, concedido por La Razón, y el resto, de 4 guías de referencia. Vivimos un momento de reconocido prestigio, en que nuestros cavas están compitiendo con los grandes de España, que hasta ahora solo estaban en Cataluña. Bodegas Hispano Suizas ha entrado en la Champions League de los espumosos, compitiendo directamente. Eso nos avala para llegar a la restauración, conquistando tanto crítica como venta.

HeyValencia: ¿Una aspiración?

Pablo Ossorio: Nuestro objetivo sería que Bodegas Hispano Suizas fueran la referencia del cava español.

HeyValencia: ¿Y un sueño profesional por cumplir?

Pablo Ossorio: Mi sueño es poder hacer que mi proyecto en la bodega sea el objeto de deseo de cualquier consumidor.

HeyValencia: Háganos una recomendación para la cena de Nochebuena o la comida de Navidad.

Pablo Ossorio: Para el aperitivo, con un jamón de bellota, recomendaría un cava rosado. En la mesa, un Tantum Ergo Vintage, de 44 meses en botella, un Brut Nature sin azúcar añadido, donde la burbuja es de una emulsión y cremosidad fantástica. Ideal para empezar y acabar la comida.

Foto: F. Murad

Si tuviera, por Sebastián Roa
5 julio, 2017 / ,

Sugerencias

De madre valenciana pero nacido en Teruel, en 1968, Sebastián Roa es uno de los mejores escritores de Novela Histórica de España. Seis títulos publicados, varios premios y la admiración que despierta en otros autores reconocidos lo avalan. Roa, sin embargo, le resta importancia: “¡No me lo creo!, exclama. “Lo que pasa es que tengo muy buenos amigos”, sostiene con una sinceridad que te desarma tras haberle insistido.

No está mintiendo. Aunque desvíe la mirada al hablar de ello, son su timidez y humildad las que responden. Su pluma, en cambio, muestra una imagen algo distinta a la que Sebastián Roa proyecta al natural. En épocas pasadas es donde encuentra el conflicto que le demanda la Literatura, y que ha trasladado incluso a las respuestas de esta entrevista.

Valencia, la ciudad en la que vive desde 2002 y donde tiene previsto seguir, está presente en casi todas sus novelas. En ella, Sebastián Roa ha pasado largas horas investigando, leyendo, escribiendo y aprovechando las ventajas que la ciudad le ofrece: “Valencia es una ciudad perfecta porque no es muy grande, pero tiene el tamaño suficiente como para que haya de todo. El clima es perfecto y, además, está cerca de Teruel, donde tengo a mi familia”.

¿Si tuviera que escoger un rincón de Valencia para una novela?

La actual Biblioteca Pública. Aparte de su contenido cultural, da para alguna historia de tintes fantásticos e inquietantes. El edificio fue construido a principios del siglo XV y se convirtió en el primer hospital psiquiátrico del mundo. Imaginemos el momento, en plena Edad de Oro valenciana, con la ciudad llena de buscavidas, artistas y bohemios, reuniendo lo mejorcito del Mediterráneo y apuntando al tránsito entre Edad Media y Renacimiento. Vale la pena visitar la Biblioteca, que aún conserva el trazado original, y evocar el ambiente de hace seiscientos años, tan alejado del silencio y la calma actuales.

¿Si tuviera que revivir un episodio de sus años aquí?

Cuando, en 2009, descubrí el Museo L’Iber. Acudía para asistir a un taller literario y, sin tener ni idea de dónde me estaba metiendo, me vi rodeado de antigüedades en un palacete medieval, el mayor museo de soldaditos de plomo de Europa y centro multicultural.

¿Si tuviera que situar una escena en una fiesta valenciana?

Por salir un poco de la “Mascletà”, situaría esa escena en plena noche de San Juan, entre fuego y agua salada. Un crimen pasional a la luz de las hogueras y todo el verano para investigarlo. De hecho ya me valí de su precedente medieval, el Mihrayán andalusí, para ambientar una escena de novela.

¿Si tuviera que recomendar un plato típico a uno de sus personajes?

Mi personaje de mejor saque es Pedro II de Aragón, héroe de las Navas de Tolosa, mujeriego y bebedor. Conociéndolo, lo sacaría del siglo XIII y le invitaría a All i Pebre como entrante y a una paella de pato en el Palmar. Con la Albufera a la vista y buen vino de Utiel-Requena.

¿Si tuviera que escribir sobre un personaje valenciano?

Dudo entre dos andalusíes de antes de Jaime I. Me atrae el poeta y diplomático Ibn al-Abbar, un hombre sensible e inteligente, por la época de cambios radicales en la que vivió y por cómo supo adaptarse a ellos. Y siempre me ha gustado Muhammad ibn Mardanish, el famoso rey Lobo del siglo XII. Amigo de los cristianos y luchador incansable contra el integrismo almohade. Se dice que mandó construir un hermoso palacio para su hija Zayda en el arrabal de Marchalenes. Con el tiempo se convirtió en convento cristiano y hoy ya no existe, pero el lugar se sigue conociendo como Llano de la Zaydía.

¿Si tuviera que describir Valencia con adjetivos?

Luminosa, atronadora, desvergonzada, incluso sensual, y sobre todo sorprendente.

Vicente Blasco Ibáñez a la conquista de Hollywood
5 junio, 2017 /

Del papel al celuloide

El valenciano Vicente Blasco produjo dos películas, dirigió una, escribió una docena de guiones originales y adaptó dos de sus novelas

La vida de Vicente Blasco Ibáñez es un guión cinematográfico, una película de acción. El niño que nació en la plaza del Mercado de Valencia, hijo de emigrados aragoneses, abre los ojos cuando la revolución de 1868 alborea y su sonajero lo componen las balas de la sublevación federal de 1869, de la cantonal de 1873, del golpe de estado de 1874. Se aficionó pronto a la literatura, y más que estudiar, quiso leer, leerlo todo, pero en especial a los románticos, Dumas, Dickens, Poe, Hugo. Y, pronto, escribir.

Avanzó en sus estudios, pero prefirió siempre a los maestros de la vida sobre los de la universidad. Constantí Llombart y sus amigos, escritores republicanos que cultivan la literatura en valenciano, porque quieren construir un vehículo popular para la movilización y para la resurrección de la “morta-viva”, del valenciano, se convierten en su mayor influencia formativa.

El cine le llegó en su etapa crepuscular. Ya lo era todo, ya había hecho de todo: editado y dirigido periódicos, escrito folletines y novelas, liderado partidos políticos y movimientos de masas, fundado colonias, dado conferencias y mítines. Contó que una conversación con Gabriele D’Annunzio lo hizo entusiasmarse por el invento de los hermanos Lumière. Hombre de acción como era, la pasión convocó pronto a su talento. El cine, por otra parte, ya lo había visitado a él: en 1914 se estrenó la versión cinematográfica de “Entre naranjos” y poco después la de “La Barraca”, con el título de “El tonto de la huerta”.

Durante la Gran Guerra, Blasco, aliadófilo hasta las cachas, como buen admirador de la Tercera República Francesa, concibió la idea de volcar “Los cuatro jinetes del apocalipsis” al cine. Se realizó con dinero francés y fue dirigida por André Heuzé. La cinta se ha perdido.

Pronto se asoció con Max André y, en aquel año de 1916, fundaron una empresa cinematográfica, cuyo primer fruto fue “Sangre y arena” (“Arènes sanglantes”). Dirigida por el propio Blasco, la cinta era la primera de Premetheus Films, el trasunto cinematográfico de la Editorial Prometeo, que Blasco, su cuñado Francisco Sempere y su amigo Fernando Llorca, habían creado en 1914.

La empresa quebró, pero no la fe de Vicente Blasco en el medio artístico y de expresión. Cuando los estudios cinematográficos norteamericanos vieron “Los cuatro jinetes del apocalipsis”, convocaron rápidamente a su guionista. Por entonces declara: “El cine es para mí tan importante como la literatura”. Su apuesta es rotunda.

Hollywood quiere adaptar sus obras. En 1919 firma con Metro Pictures la adaptación de “Los cuatro jinetes del apocalipsis” y en 1921 de “Los enemigos de la mujer”. En 1922 cede los derechos de “Sangre y arena” a Famous Players y a continuación los de “La maja desnuda” a International Film. En 1923 vende su primer guión original a Famous Players con el título de “Andalusian love”. Ese mismo año firma con la Metro para la cesión de derechos de “Los muertos mandan”; al año siguiente le cederá los de “Mare Nostrum”.

Blasco es la razón por la que se constituyó la Metro-Goldwin-Mayer, puesto que sus películas produjeron grandes beneficios, de los que él participó, pero también sus productores. Los grandes actores y actrices, Valentino, Mae Murray, Alice Terry, Greta Garbo, encarnaron los papeles que Blasco creaba.

Pero la película más grande, la de su vida, todavía está por rodar.

Texto de: Francesc A. Martínez Gallego (UV) y Antoni Laguna Platero (UCLM).

Mariano Benlliure, el artista que esculpió antes de hablar
30 marzo, 2017 /

Hijo y hermano de pintores

Nacido en Valencia en 1862, el artista de renombre internacional, Mariano Benlliure, se apasionó por la escultura desde niño

Mariano Benlliure Gil nació en Valencia en 1862, en el seno de una familia de artistas. Su padre, Juan Antonio Benlliure Tomás, quien no quiso ser marinero como sus antecesores, fue pintor decorador; y sus hermanos Blas, José y Juan Antonio llegarían a ser pintores de prestigio. Mariano, en cambio, se decantó por la escultura desde bien niño, incluso antes de empezar a hablar a la tardía edad de siete años. La escultura sería su modo de expresión, su pasión. Ya en 1868, presentó una de sus obras a una exposición, la de la Sociedad de Amigos del País, en Valencia.

En 1881, antes de cumplir los 20 años, Benlliure se marchó a Roma donde abrió un estudio que mantuvo durante casi dos décadas. Allí, en contacto con la casa Crescenzi, aprendería a dominar el proceso de fundición a la cera perdida, que posteriormente le permitiría sacar el máximo provecho a los diferentes materiales de sus distintas fases: el modelo en barro, su vaciado en yeso, en cera y, por último, en bronce.

Durante los años 80 del siglo XIX sería galardonado en Madrid, París, Berlín, Munich y Viena. Concretamente, en 1887, recibió la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, con la Estatua del pintor José Ribera para su monumento en Valencia, que se puede visitar en la plaza del Poeta Llorente.

Otras de las obras de Benlliure, imperdibles durante una estancia en esta ciudad, son: el Monumento al Marqués de Campo, en la plaza de Cánovas del Castillo, y las esculturas de la Casa-Museo Benlliure. La que fuera la casa familiar de su hermano José Benlliure Gil, que también alberga pinturas del propio José, de su hijo José Benlliure Ortiz (Peppino) y de otros artistas valencianos del momento como el gran Joaquín Sorolla, amigo íntimo de Mariano Benlliure.

El escultor valenciano murió en Madrid en 1947, pero sus restos fueron trasladados al cementerio del Cabañal, de su Valencia natal y querida, donde fue enterrado con todos los honores.

Itinerario: Desde la Casa-Museo Benlliure (calle Blanquerías, 23) hasta la plaza de Cánovas, pasando por la plaza del Poeta Llorente, se tarda unos 20 minutos, caminando por la margen sur del río Turia. Y, si dispusiera de más tiempo o se encontrara en los alrededores, acérquese también al Monumento a Sorolla (en la plaza Armada Española, cerca del puerto) y al Monumento a Cervantes (en los jardines de la calle Guillem de Castro) o disfrute del escudo de Valencia y de las figuras alegóricas (Administración, Justicia, Las Artes y Las Letras) de la fachada del Ayuntamiento. (+09)